1900
Hay que volver al
principio
siempre que sea necesario,
porque tu vida
no habrá terminado mientras tengas una buena historia
y a alguien a quién contarla.
...¿Me preguntas si estoy listo para
partir?
No sé si exista una respuesta, y si la
hay, seguramente sería más un deseo con el que no nos conformaríamos. Caminamos por la vida buscando certezas sin encontrarlas, y aquello que se aproxima a ella, termina por decepcionarnos.
Míralo de esta forma: cuando estás frente
al piano y observas su teclado, puedes tener la certeza de que ahí, sin duda
alguna, hay ochenta y ocho teclas y nada más. No son infinitas; nadie puede
negarlo. Pero la música que puedes hacer con ellas sí lo es, y eso me gusta
porque así sí puedo vivir. Pero, si el teclado fuera infinito, no hay música
que puedas tocar en él. Pronto te das cuenta de que te has equivocado de
taburete, porque ese es el del piano de Dios. Pretender tocarlo no es posible,
porque ahí solo podrías tocar una, solo una nota de la música de Dios.
Vivir es lo mismo: solo podemos tocar nuestras propias notas, y seguramente más que eso, pero eso es demasiado y pesa mucho.
Te preguntarás si mi vida ha valido la pena… ¡Claro que sí! Aun cuando
hayan quedado deseos sin cumplir, aun cuando haya quedado una inmensidad por
vivir, al final, la tierra es un barco demasiado grande; toda la vida es un
viaje demasiado largo; es como un perfume demasiado fuerte que no puedes
agotar. Por eso lo sé: mi vida es la música que puedo tocar con mis ochenta y
ocho teclas, hasta ese final que me permita bajar de ella ya satisfecho.
Reescritura de un fragmento del guion de
la película 1900, La leyenda del pianista del océano.
Max, amigo de Novecento (el pianista del
océano)
Io
Jul 2020

Este texto me hace reflexionar sobre nuestra vidas, de que todos podemos llegar a tener una vida plena si tocamos nuestra propia música
ResponderEliminarEn los tiempos del COVID, el temor a lo desconocido hace visible lo que antes ignorabamos en la cotidianidad: a nosotros mismos; Cuántas veces hemos dejado pasar instantes de la vida ajenos a la belleza que un atardecer nos regala, o el silencio de una noche bajo las estrellas... Lo ignoramos por el simple hecho de olvidarnos de nosotros mismos.
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