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Mostrando entradas de mayo, 2025

LA CASA QUE HABITA EL TIEMPO

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Pulsa aqu í En algún lugar donde los caminos ya no tienen nombres y el silencio pesa más que las palabras, apareció una casa. No fue construida. Fue encontrada. Como si la tierra, paciente, la hubiera soñado durante siglos y un día, sin aviso, la dejara florecer entre raíces y luz. No tenía muros que impusieran fronteras, ni techos que cerraran el cielo. Era más bien un gesto de la tierra: un susurro de madera, aire y sombra. La llamaban Casa Ciclaria, aunque nadie sabía con certeza por qué. Algunos decían que era porque allí el tiempo no corría, sino giraba. Otros, que el nombre provenía de una antigua lengua olvidada, en la que “Ciclaria” significaba “el lugar que recuerda”. Un viajero llegó hasta ella. No por destino, sino por agotamiento. Venía del ruido, del hacer sin pausa, de la geometría del concreto. Traía los pies cansados y los ojos llenos de pantallas. Tocó la puerta, pero la puerta ya estaba abierta. No lo esperaba nadie, salvo el murmullo de una casa despierta. Adentr...

Un recuerdo mágico

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  Aquella mañana, cuando a nuestros ojos llegó el asombro, en un instante nos acomodamos  dejando un amplio espacio circular al centro del patio de la escuela. Reíamos, brincábamos, corríamos sin rumbo mientras Elenita (mi maestra), intentaba inútilmente, encontrar orden entre esos gritos y correteadas. Nadie le había advertido del riesgo que implicaba para su salud emocional, liberarnos en el patio de recreo en ese día de fiesta, el del Día del Niño y, por más que se esforzaba, solo conseguía exhalar su frustración ante sus fallidos intentos hasta que, de pronto, la mirada de los niños sobre el recién llegado obró el milagro; aquel sujeto de levita a cuadros de colores, sombrero de bombín carmesí y enormes zapatos bicolores y tres enormes globos atados a la ridícula maletita que cargaba en una de sus manos, parecían elevarlo al cielo azul de esa mañana mientras que, con la otra, llevaba a la boca el silbato que chillaba entre risotadas. ¿Cómo pudo hacerlo? Murmuró Elenita. En...