Toca aquí Con la noche en la mirada, empieza el día. La primera campanada que llama a misa es la señal para despertarse; las otras, que caen como cascada hasta la última, le advierten que media hora se ha escapado, no para ir a misa, sino para escuchar la radio. Bastan unos minutos para prepararse y acercarse a la cocina, donde María ya ha dispuesto su desayuno con aroma de café sobre la mesa. Lo acompaña la voz inoportuna de la radio, esa que no espera ni admite comentario, solo su atención para darle el diario pormenor de un mundo ajeno a su mirada. — ¡María, apaga esa cosa! — le pide después de comprobar que nada hay nuevo, siempre la misma cosa: guerras, deslealtades, tragedias, carestía, enfermedades. Nada cambia (reflexiona) excepto por aquellas cosas que ahora son prodigio, pero que, a él, ¿de qué le servirían si vive entre las sombras? — Anda María, mejor cuéntame qué sabes de la hija de Julián, ¿ya se ha convertido en madre? — pregunta mientras mordisquea el pan. — No, d...