Medusa anacrónica y el Sabio Rupéstrico
Porque sólo somos pasto en las fauces del insaciable olvido, pasto para la rumia eterna del insaciable caos, por eso (…) quiero a la eternidad como a una paloma que se escapa de entre mis manos, y así, todo se alejará en la muerte, se esconderá en la muerte sin importar si es hoy, si fue ayer o si será mañana o por siempre. (…) Por eso, dame el infinito como flor entre mis manos. (Reescritura de fragmentos del Canto primero: Atazor; “El viaje en paracaídas”, Vicente Huidobro 1931) Aquella tarde, caminaba por la calle de Niño Perdido frente al Palacio de las Bellas Artes en la Ciudad de México cuando, de pronto, me encontré con ella: Medusa, la Gorgona. Arrebatada de la vida por la espada de Perseo miles de años atrás, quedaba inexplicablemente frente a mí, en el cruce de vialidades. Pasmada, aturdida en esa realidad ajena a ella, solo atina a caminar junto a la muchedumbre que la ignora, que la mira sin mirar. Se da cuenta de que su terrorífico poder de petrificar ha desaparecido e...