El bosque de las palabras (xi): La Rosa de los Vientos
Toca aquí Aquel lugar parecía sacado de un sueño. Yuli se alejó en silencio de nosotros y, cerrando los ojos, empezó a contarnos la historia de cómo aquel mosaico había llegado hasta allí. — Tendría no más de siete años. No sé si el tiempo y el olvido han deformado el recuerdo de aquella tarde. Cuando los vi llegar, papá se refirió a esos hombres de aspecto extraño, en caravana, como «Los Tuareg». Se cubrían el rostro, dejando solo la mirada al descubierto para protegerse del sol. Descargaron en silencio el camión maltrecho y sucio en el que lo trajeron. — ¡Kaleb! — gritó papá, extendiendo la mano para saludar al gigantesco hombre que lo conducía. Se abrazaron con afecto, mientras su sonrisa, tan espectacular como su tamaño, me impactaba. Corrí a un lado de papá. — ¿Quién es? — pregunté, escondiéndome tras sus piernas. Ese hombre se colocó en cuclillas frente a mí. — Soy Kaleb, amigo de tu padre. En este cargamento se oculta una maravilla que tendrás que descubrir cuando esté arm...