Una tardía postal de navidad
Toca aquí La escuché buscándome desde el piso de abajo de aquella casa de mi infancia. El frío de esa mañana y mi enojo me habían empujado a esconderme bajo el cobertor de la cama, que por esos días lucía radiantes estampados navideños y deseos que, bien lo sabía, no se cumplirían. Aunque mi mamá mantenía por toda la casa los adornos, el nacimiento del Niño Jesús y el espléndido árbol bajo el que, una semana antes, habían aparecido como cada año los regalos de Reyes, yo seguía sumido en una desilusión terca, esa rebeldía tan natural a los nueve años cuando un deseo parece imposible. Y el mío, aparentemente, lo era. Lo único que anhelaba no había llegado, a pesar de que aquello que necesitaba sobraba por todas partes al otro lado de la ventana: frío. Mucho frío. Días antes de la Navidad había escrito mi petición detrás de una postal con un paisaje cubierto de nieve: Queridos Reyes Magos: solo les pido un poco de nieve que llene mi ventana al amanecer. Solo eso. Sé que quizás no lo merez...