El solitario pez rojo
Esa mañana estaba decidido, no se levantaría de la cama y haría oídos sordos al reclamo y furia de su madre cuando lo encontrara a media mañana debajo de las sábanas. A fin de cuentas, no había día que no se llevara un jalón de orejas, o una buena reprimenda con el cinturón golpeándole las nalgas o simplemente terminar la noche con la panza vacía al mandarlo a dormir sin probar la cena, qué más da, un castigo más no haría la diferencia pero sí, ahora sería por convencimiento propio, las consecuencias de su decisión estaban ya aceptadas y eso quizás, hizo de esos minutos desde que la ventana se llenó de luz, un espacio en el tiempo tan grande que por un momento imaginó que había entrado en un universo sin tiempo. ¿Cómo sería la vida sin tiempo? Tal vez una maravilla, pero ese lugar solo existe en los sueños (pensó contrariado) o quizás en definitiva está donde existen los muertos, ahí el tiempo es eternidad y la sola idea de imaginarlo lo llenó de un temor indesc...