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Mostrando entradas de junio, 2021

El bosque de las palabras (xiv): Kaleb

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  Toca aquí — Yuli, somos amigas desde niñas. Me has contado tantas historias que no sabría dar un número para definirlo. En algún momento me pregunté si todas salían solo de tu imaginación, o si las habías tomado de algún libro cuando hablabas de la casa. Nunca imaginé, y perdóname por eso, que en verdad existiera esta casa, pero ahora… — Lo sabía — La interrumpió. Se acercó a Mary y puso entre sus manos la moneda del Simurgh. Mary, sorprendida, le devolvió una sonrisa sin saber qué más decir. — Mary, esta casa y yo crecimos juntas, somos casi de la misma edad y en todo este tiempo, ha sido inevitable escuchar las historias y el origen de muchas de sus partes. De algún modo, esta casa es un libro con historias que contar. La crónica que Yuli nos había dado de ese día en que llegó Kaleb con el mosaico encerraba incógnitas envueltas en misterios que yo deseaba descubrir. La figura de Kaleb me parecía fascinante: ¿de dónde había llegado? ¿Cómo había ocurrido ese rescate? ¿De quién ha...

Fantasía

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  Toca aquí De pronto, la observo acercarse siguiendo el mismo rumbo que llevan mis pasos sin que ella se percate de que la he descubierto. A pesar de eso, finjo que la ignoro, sin evitar ese adictivo deseo de llamar su atención, detenerme y volver a esa rutina de escuchar alguna historia que pudiera, o no, ser la misma a la del día anterior y que, a pesar de ello, la irremediable cotidianidad siempre matiza para hacerla parecer distinta. Cuando imagino que la he dejado atrás, que he logrado sacudirme ese "adictivo deseo" para dejarlo en "solo deseo" y escapar, descubro pasos adelante que no es así. Entonces me devuelvo para encontrarla y me dejo arrastrar por esas historias de final quizás o no conocido, pero que, en el interminable laberinto de las palabras, son tan increíblemente distintas que no me canso de escucharlas en la fantasía de mi imaginación, alojada entre miríadas de páginas de libros. Io 22 0621 ----- + El mejor invento, el libro «De todos los ins...

Escenas infantiles

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  Toca aquí para escuchar y ver Escenas Infantiles Robert Schumann Robert Schumann vislumbró en el ocaso de su vida la locura y sin embargo, ésta es apenas una mención en ella por que, su genialidad, ha trascendido hasta nuestros días. Al escuchar su obra, es posible percibir su total comprensión del universo a pesar de ese mal que lo consumió irremediablemente cuando, ante la majestad de todo lo existente, se evidencia la lastimosa pequeñez humana, opacada por el genio de su obra. Io 19 0621  

El bosque de las palabras (xiv): El Libro

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Toca aquí Jesús continuó hablando mientras caminábamos por otro corredor similar al que nos trajo hasta el comedor, sin que yo supiera a dónde llegaríamos. Finalmente, entramos a una amplia galería decorada por un vitral de belleza excepcional y grandes proporciones que cubría en su totalidad, uno de los muros. "Serenitatem ad quamdam extrinsecam denominationem, non reges" se leía por encima de dos figuras enfrascadas en el juego de ajedrez: una, un atribulado rey ataviado con espléndida capa de armiño y corona abandonada sobre el piso, frente a la otra, su soldado, desprovisto de su espada quien parece cuestionarlo a aceptar, el inminente jaque mate al que lo ha llevado. Al otro lado de la galería, un librero con amplias gavetas a nivel del piso, y el resto del lugar, ocupado con diversas esculturas y artefactos de evidente antigüedad. — ¿Qué tan antiguo es este vitral? — pregunté, acercándome a él. — El arte del vitral — empezó a darme una explicación — alcanza su esplendor...

El bosque de las palabras (xiii): El cuadro Negro

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  Toca aquí Recorrimos hasta el final el largo corredor de saeteras, iluminadas por la luna de esa noche, dejando atrás el mosaico de La Rosa de los Vientos. Mientras avanzábamos, el mismo laberinto limitado de altos setos se extendía entre las saeteras que encontrábamos, hasta que llegamos a otro salón de estilo gótico, alojado bajo una bóveda de crucería estrellada y de cuyo centro pendía un candil de hierro, idéntico al que encontramos al llegar. Por mobiliario, una mesa de madera rústica y sillas para doce comensales, armadas con cintillos y esquineros de herrería negra, que parecían haber sido extraídos de una leyenda de la Primera Cruzada. Sobre la mesa, había una hermosa vajilla de estilo Mudéjar y en uno de los muros, un lienzo oscuro, extrañamente negro y evidentemente antiguo, del que solo pude adivinar sombras. — Todo esto es extraordinario — Dijo Mary, abrazándome del brazo. — ¿Cómo surgió la idea de este proyecto? — Pregunté a Jesús. — No hubo intención premeditada, fu...

La puerta

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  Toca aquí — ¿Es aquí? — pregunté, al detenerme frente al impresionante muro de piedra que se extendía a ambos lados de la gran reja de hierro. Aquello parecía una fortaleza impenetrable. — ¿Cómo sabrán que llegamos? — insistí, murmurando, como si estuviéramos en un templo. Mary se encogió de hombros. Instantes después, la reja se abrió. Traspasamos ese muro bajo la penumbra de la noche. A no más de cincuenta metros alcancé a ver otro muro, esta vez de setos, tan alto como el primero, que se extendía a ambos lados de un diminuto portón. Al llegar, bajamos del auto y notamos el azar grabado en su superficie: largas líneas entre otras más pequeñas, formando dos laberintos, contenidos en el perímetro de un rombo. Mary empujó las hojas del portón. Al abrirse, nos mostró un sinuoso y serpenteante pasillo, flanqueado por el mismo muro de altos setos. Caminamos sobre sus baldosas, cada una pintada con motivos y figuras tan fabulosas y diversas que resultaba difícil precisar su origen o s...

El bosque de las palabras: Tertulia de historias perdidas

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Toca aquí — Por mucho tiempo lo escuché contando historias o solo pensando mientras hablaba de esas ideas que llegaban como eco de experiencias y vida. Sí lo extraño. A él lo recuerdo como un buen conversador y.… le gustaba serlo. Siempre tenía algo de qué hablar, a pesar de esa mirada vacilante, inquietante, pero que te atrapaba cuando decía: «Sin duda has observado…» Entonces, de sus palabras emergía algo asombroso. Pienso que se fue demasiado pronto, que le faltó tiempo. — ¿Crees que él haya sido consciente de esa personalidad conversadora? — Creo que sí, aunque nunca lo aceptó. Siempre lo delataba esa inquietud en los dedos que detenía vacilantes sobre sus labios, como para contener sus pensamientos que podrían escaparse en sus palabras antes de tiempo y dejarse llevar por senderos que se bifurcaran como laberintos, entre interminables temas, historias o reflexiones que siempre eran fascinantes… Podría apostar que hubo mucho más en sus pensamientos que lo que escuchamos en sus ...