Divagaciones al filo de la noche
El cosmos es todo lo que es, lo que fue o
lo que será alguna vez. Nuestras contemplaciones más tibias del Cosmos nos
conmueven: un escalofrío recorre nuestro espinazo, la voz se nos quiebra, hay
una sensación débil, como la de un recuerdo lejano, o la de caer desde lo alto.
Sabemos que nos estamos acercando al mayor de los misterios. —Carl Sagan
En algún lugar bajo las estrellas
—Antes de ir a la facultad, miraba el
cielo por las noches haciéndome preguntas. Pensaba entonces que obtendrían respuesta si
conseguía suficientes conocimientos acerca de todo. Y no fue así. Cuanto más me
empeñaba en comprender, más me convencía de la imposibilidad de aquel sueño. Descubrí que la
vida no es suficiente para satisfacer nuestra curiosidad, porque hay tanto que
descubrir. Solo piensa en esto: materia oscura.
—¿Materia Oscura? ¿De qué hablas? Ya de
por sí lo que me dices abruma y...
—Lo sé. A mí me pasa igual porque es tanto lo que ignoramos que intentar explicar el porqué de esto, de lo otro o de cualquier otra cosa, si no hemos penetrado en la formalidad de su ámbito de estudio, nos deja en una oscuridad tan difícil de explicar como lo es la materia oscura. Sabemos que esta existe por que nos ayuda a explicar la expansión del universo y tantas cosas más, pero detrás de este concepto y su origen, aún tenemos un enorme desconocimiento. Al final, solo somos espectadores de una fracción infinitesimal del universo, y eso abruma.
—¡No! ¿Cómo puede ser así? La ciencia ha
avanzado tanto que con la tecnología y el conocimiento que la humanidad tiene
ahora, podemos resolverlo todo.
—No es así. En realidad, padecemos los
estragos de nuestra ignorancia al no tener todas las respuestas. Y estamos, en
verdad, muy lejos de tenerlas.
—Pero ¿cómo puede ser eso?
—Así de simple, por cada cosa que aprendemos, nos damos cuenta de lo mucho que ignoramos. Y eso que no podemos explicar, intentamos darle sentido con nuestra imaginación. Piensa en esto: al mirar por la noche el cielo, lejos de la contaminación luminosa de las ciudades, podemos ver esa mancha que desde la antigüedad los griegos llamaron la Vía Láctea. Ellos la explicaban, para comprenderla, como la leche derramada por la diosa Hera. Esa era una bella forma de explicar lo que en ese momento no tenía otra forma de entenderse. El avance de la ciencia y del conocimiento humano permitió, además del desarrollo de la tecnología, observar con más detalle esa parte del cielo nocturno para descubrir que esa mancha no era otra cosa que un cúmulo de estrellas y gases estelares, materia luminosa solo visible por las noches para nosotros.
—Me estás diciendo que, además de esa
materia que podemos ver por la luz que nos llega, hay otra materia que permanece
invisible para nosotros.
—Así es. Y no precisamente porque no emita
luz como una estrella o un cuerpo que la refleje de una de ellas, sino porque simplemente por que es
invisible para nosotros y para nuestra tecnología. Pero la intuimos, porque de
alguna forma nos explica cómo giran las galaxias y el movimiento del universo entero.
Como puedes ver, esto solo nos deja entrever que hay mucho más que no sabemos. En realidad solo logramos esbozar ideas para buscar respuestas... hipótesis o teorías que nos
empeñamos en pensar que son, o que tal vez serán, ciertas, pero que solo nos explican algo de lo mucho que queda en el misterio.
—Sí,... me parece que tienes razón. En nuestra ignorancia, irremediablemente caemos en la soberbia de creer que tenemos todas las respuestas. Y mira, es curioso, ahora mismo en este aislamiento que la pandemia nos ha impuesto puedo ver lo pequeño que podemos ser ante lo que no conocemos como este virus que nos obligó a aislarnos. La ciencia intenta descifrar un misterio con la esperanza de acabar con este mal que silenciosamente llegó arrebatando vidas, y sí, quizás lo logre. Pero ¿qué vendrá después?
—Lo que siempre ha sido: aprendizaje a costa de mucho dolor para la humanidad. Y con ello, paradójicamente, más preguntas en busca de respuestas. La materia oscura no solo es la estelar, también existe la del conocimiento. Y ambas provocan un mismo efecto: una, la expansión del universo, y la otra, la expansión del conocimiento humano.
Io
310720
° El mundo entero desde finales del 2019, ha sido víctima de su arrogancia. Es común escuchar opiniones plagadas de ignorancia acerca del por qué y del cómo hacer frente a una pandemia que a hundido al mundo entero, en la peor crisis social y económica de que se tenga memoria, no por sus dimensiones en víctimas mortales, sino por sus implicaciones globales. Hoy en día, pesa más la opinión falseada y distorsionada de cualquier persona que tenga a su alcance un medio de comunicación para propagar información sin fundamento ni sentido. El Fantasma de la Ignorancia ronda por el mundo y por desgracia, parece ganar a cada instante más adeptos, para santificarlo como un dios de verdades.
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*El nombre Vía Láctea proviene de la mitología latina, y esta de la griega que significa en latín camino de leche. Esa es, en efecto, la apariencia de la tenue banda de luz que atraviesa el firmamento terrestre, y así lo afirma la mitología griega, explicando que se trata de leche derramada del pecho de la diosa Hera (Juno para los romanos). Rubens representa la leyenda en su obra El nacimiento de la Vía Láctea. Sin embargo, ya en la Antigua Grecia, el astrónomo Demócrito (460-370 a. C.) sugirió que aquel haz blanco en el cielo era en realidad un conglomerado de muchísimas estrellas demasiado tenues individualmente como para ser reconocidas a simple vista. Su idea, no obstante, no tuvo respaldo hasta 1609, cuando el astrónomo italiano Galileo Galilei hace uso del telescopio y constata que Demócrito estaba en lo cierto, ya que a donde quiera que mirase, aquel se encontraba lleno de estrellas.
**Hera (en griego antiguo Ἥρα Hēra, o equivalentemente: Ἥρη Hērē en jónico y griego homérico) es la esposa de Zeus en el panteón olímpico de la mitología griega clásica. Su equivalente en la mitología romana era Juno. Se le sacrificaban la vaca y más tarde el pavo real. Su madre era Rea y su padre Crono. Hera fue conocida por su naturaleza celosa, violenta y vengativa, principalmente contra las amantes y la descendencia de Zeus, pero también contra los mortales con los que se cruzaba, como Pelias. Paris, quien la ofendió al elegir a Afrodita como la diosa más bella, se ganó así su odio eterno.Se representa a Hera solemne, a menudo en el trono y coronada con el polos (una alta corona cilíndrica usada por varias de las Grandes diosas), pudiendo llevar en su mano una granada, símbolo de la fértil sangre y la muerte, o una cápsula narcótica de amapola.1 El investigador Walter Burkert escribió en Religión griega: «Sin embargo, hay registros de una representación anterior sin iconos, como una columna en Argos y una tabla en Samos».
Fuente: Wikipedia

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