Fantasmas

Es común detenerme a observar la trivialidad de los instantes que transcurren, acompañado de la música en mi mente. Siete años atrás, al iniciar el día, llegué a la estación Calle 11 de la Línea 12 del metro de la CDMX y, de pronto, el bullicio de todo aquello se transformó en un capricho.




 Escalera de Escher


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Con apuro inicio el día. Salgo a la calle rumbo al trabajo. Llego al parabús y aguardo. Después de unos minutos llega el autobús y subo, convertido en un extraño más acompañando a otros en ese común viaje a cualquier parte; o quizás, en un fantasma inoportuno buscando un lugar cualquiera para hacer ese viaje. Luego, me hundo en mis pensamientos.

Mi primer destino: la “12” del tren metropolitano. Ya en la estación, el mundo cambia. Presento la tarjeta digital que “dialoga” con otro equipo similar, con quien, después de un acuerdo de color verde, me permite el paso. Giro el torniquete bajo la mirada ausente del guardia de seguridad, que no sonríe, no habla, solo observa. No es un robot; lo sé porque estos, al menos en mi imaginación, aunque con rasgos humanoides, tendrían trazos geométricos acordes a la arquitectura del lugar.

Después de unos pasos dejo atrás esa aduana, ese nivel que me llevó hasta ahí para encontrarme con el movimiento perpetuo de los vacíos peldaños de una escalera y alcanzar, con su ayuda, la ilusión de habitar otro nivel distinto al que tuve justamente al llegar.

Un paso más y estoy sobre la escalera de Escher*, en un viaje que me llevará, al igual que el día anterior, al mismo sitio en que me encuentro hoy. Soy, a fin de cuentas, el hombre atrapado en la escalera de Escher.

Cada día, todo lo que hacemos es subir, bajar… No importa dónde creemos que inicia la ilusión de comenzar: siempre llegaremos al mismo lugar del que partimos, a nosotros mismos.

Entonces llegará la noche, y mientras caminamos de regreso a casa observaremos al amor tomado de la mano; a la inocencia jugando en los sueños de un niño que se abraza al arrullo de su madre; a la ausencia que atrapa a tantos entre audífonos y pantallas; a la historia contada entre las letras de un libro; al cansancio en las manos y a la prisa en los pasos que buscan llegar a ese principio que surge en el instante en que cerramos la puerta de nosotros mismos, una noche cualquiera, en los sueños de fantasmas.

Io, jul. 2020

 * Maurits Cornelis Escher ([ˈmʌurɪt͡s kɔrˈneːlɪs ˈɛʃər] Leeuwarden, 17 de junio de 1898 - Hilversum, 27 de marzo de 1972) fue un artista neerlandés conocido por sus grabados xilográficos, sus grabados al mezzotinto y dibujos, que consisten en figuras  imposibles, teselados y mundos imaginarios.


*** Capricho Arabe, F. Tárrega, performed by Tatyana Ryzhkova                           


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