Medusa anacrónica y el Sabio Rupéstrico
Porque
sólo somos pasto en las fauces del insaciable olvido, pasto para la rumia
eterna del insaciable caos, por eso (…) quiero a la eternidad como a una paloma
que se escapa de entre mis manos, y así, todo se alejará en la muerte, se
esconderá en la muerte sin importar si es hoy, si fue ayer o si será mañana o
por siempre. (…) Por eso, dame el infinito como flor entre mis manos.
(Reescritura
de fragmentos del Canto primero: Atazor; “El viaje en paracaídas”, Vicente
Huidobro 1931)
Aquella
tarde, caminaba por la calle de Niño Perdido frente al Palacio de las Bellas
Artes en la Ciudad de México cuando, de pronto, me encontré con ella: Medusa,
la Gorgona.
Arrebatada
de la vida por la espada de Perseo miles de años atrás, quedaba
inexplicablemente frente a mí, en el cruce de vialidades.
Pasmada,
aturdida en esa realidad ajena a ella, solo atina a caminar junto a la
muchedumbre que la ignora, que la mira sin mirar. Se da cuenta de que su
terrorífico poder de petrificar ha desaparecido en esta intromisión absurda a
un tiempo ajeno, construido entre enormes edificios de concreto, de cristal y
acero. Gases irrespirables escapan de vehículos autónomos y se precipitan sobre
ella en ese cruce, al ritmo de la música que escapa del incógnito altavoz que a
la letra dice:
"Era un gran tiempo de híbridos,
era Medusa anacrónica,
una rana con sinfónica en la campechana mental,
era un gran sabio Rupéstrico,
de un universo doméstico,
pitecántropos atómicos, líder universal…"
En
el caos de ese "instante eterno", Medusa corre hasta tropezar con los
Pegasus petrificados que adornan la pequeña plaza frente al Palacio de Bellas
Artes. Los acaricia con esperanza de escapar con ellos, mientras su mirada
aterrada divaga hasta tropezar, al fin, con las columnas corintias del pórtico
del Palacio de las Bellas Artes. Corre hacia ellas mientras sus ideas, excitadas como serpientes en
la maraña de su cabellera, se revuelven y especulan sobre esta intromisión absurda que por
un "instante eterno", la espada de Perseo, hasta aquí la trajo.
Al
fin, ya dentro del recinto, las notas de los aulós y las cítaras flotan en el
aire, como preámbulo del festín sinfónico que, bajo la batuta de la Rana
Sinfónica, pronto iniciará.
»
— ¿Qué es todo esto? — Medusa se pregunta justo cuando, inesperadamente, el
tiempo la devuelve a su encuentro con la espada de Perseo, en el instante mismo
en que esta degüella su cabeza, arrebatándole la vida...
Este
texto fue escrito en el siglo veintiuno, por el Sabio Rupéstrico, preso en su
universo doméstico, en la época final de los hidrocarburos fósiles.
- Rockdrigo
González: Tiempos Híbridos (Fragmento)
- Ovidio: Metamorfosis Libro IV (Fragmento): Perseo el Agenórida narra.

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