El bosque de las palabras (v). El escritor.
...hay quien ha visto a Dios en un resplandor,
hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa.
JL Borges
Aquélla tarde, mientras tomábamos café en
una pequeña cafetería en la antigua Plaza del Carmen, en el Centro de la Ciudad
de México —ahora venida a menos con el paso de los años—, su mirada de pronto
se extravió entre el bullicio de la gente que por ahí pasaba, hasta que,
después de un largo suspiro, empezó a decirme:
— No recuerdo haberle dirigido la mirada
aquel día cuando se sentó junto a mí, ni siquiera recuerdo haberlo intentado y,
sin embargo, he dibujado en mi memoria su rostro con palabras.
— ¿Cómo puedes trazar la imagen de un
rostro solo con palabras?... — pregunté, confundido.
— Así, con palabras, al igual que lo hace
un Escritor cuando crea a sus personajes dentro de una historia.
— "Dibujado", ¿es lo que
has dicho? ¿Debo entender más bien que "dibujar con palabras" es más
una metáfora que un hecho en sí mismo?
— En esencia lo es — dijo, mirándome
fijamente a los ojos por un instante. Luego, continuó diciendo: — El Escritor,
al escribir, con cada palabra, va trazando en nuestra mente (cuando leemos)
todo aquello que dará vida a sus personajes. Y sin embargo, una vez puestos
ahí, el Escritor no sabe en realidad quiénes serán en los hechos, ni hasta
dónde llegarán. Así, el Escritor escribe, solo guiado por un impulso que nace
de las circunstancias de sus personajes, sin que ellos lo sepan.
— ¿Me estás diciendo que el Escritor no
sabe lo que va a escribir...? — pregunté nuevamente confundido.
— No... — aclaró con voz pausada antes de
continuar. — El Escritor puede llegar a tener una idea de quiénes serán sus
personajes, pero estos, definirán su personalidad en el curso de la historia,
porque, además del Escritor, lo ignoramos todo cuando, como personajes de una
historia, vivimos en ella. Y solo nos damos cuenta de ello hasta que, agobiados
por nuestra circunstancia, lo necesitamos y solo entonces, desesperados, le
pedimos nos escuche para que cambie en algo nuestras circunstancias en momentos
de dolor e incertidumbre. Pero Él les ha dado la libertad de elegir y así,
simplemente los va siguiendo a lo largo de su historia. Él se puede esmerar
incluso en agregar a ese andar todas las tristezas y atrocidades posibles que
pueden llevar a sus personajes hasta el límite de la desesperación. Y sin
embargo, ante un mundo que puede o no ser horrible, donde también puede ocurrir
lo más grandioso o lo más espantoso e indeseable, en ocasiones, será inevitable
que aparezca una luz, tan inesperada como la Esperanza, siempre la
Esperanza. Incluso hasta para el Escritor, porque siempre seremos capaces de
rescatar aquellas cosas que alguna vez dibujaron una sonrisa en nuestro rostro,
como la sonrisa de un amigo, o la del recién nacido que confiado sostiene
nuestro dedo, y olvidar por un momento lo frágil que es la vida y, así, todo
aquello que era horrible desaparece en un parpadeo, para darnos la oportunidad
de elegir o no, como personajes que somos de nuestra historia, el seguir
adelante.
— Pero el mundo, así como lo describes,
parece ser casi siempre horrible... — insistí.
— Sí, si solo te empeñas en ver la
oscuridad en todo lo que es tu historia, seguramente será lo único que verás.
Pero hay tanta luz, que solo tienes que abrir los ojos del alma para
descubrirla y ayudar así al Escritor a escribir tu propia historia, esa que Él
simplemente va siguiendo, con cada palabra que escribe.
Io
01 0523

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