Siete segundos
Si
algo caracteriza a mis pesadillas es su infinita capacidad de agobio. No son
tan ricas de motivos como los cuadros del Bosco. Solo difieren de la realidad
en cuanto que el tiempo y el espacio son distintos, así como en la capacidad
combinatoria que en el sueño, conocen una libertad vertiginosa.
(Sergio Pitol: El arte de la fuga,
fragmento)
Toca aquí(925...)
Siete segundos en una pesadilla
(1,105...)
Yo estaba ahí, frente al espejo, observándome, sintiéndome ajeno a esa imagen
reflejada, hasta desconocerme. Entre mis manos, desde el grifo, caía lenta el
agua fría que luego lanzaba con fuerza en mi cara y cabello, intentando
despertar de aquello que supuse, no sé por qué, como una pesadilla.
(1,285...)
¿Escapar? Sí, lo intenté no sé cuántas veces sin lograrlo. Desesperado, lograba
abrir los ojos creyéndome por un instante a salvo, sin estarlo. Porque
nuevamente volvía a encontrarme con esa mirada ajena a mí, o a cualquier
recuerdo que de ella tuviera.
(1,645...)
Y en cada intento, regresé al mismo instante previo al escape: amarrándome con
agobiante lentitud las agujetas de mi calzado para correr después sobre los
pedazos de esa noche esparcidos en la calle. Era la misma calle que momentos
antes había observado desde la ventana como un sendero oscuro y frío. El frío
entumecía mis manos y cuarteaba mi rostro hasta destrozarlo, llevándome, de
nueva cuenta, a esta pesadilla.
(2,905...)
Sin saber cómo ocurría, en ese escape de pronto alcanzaba la cima de una
montaña, hecha de los pedazos de esa noche sin poderme desprender, ni aún ahí,
de esa mirada.
(3,805...) Estab exhausto y mientras buscaba recuperar el aliento, esa mirada dejaba caer todo su peso sobre mi espalda.
(3,985...)
Intenté bruscamente apartarme de él y de esos ojos que me ahogaban. Al hacerlo,
todo a mi alrededor se derrumbaba como un lienzo desgarrado por el tiempo,
destejiendo la maraña de las líneas que le daban forma. Todo para dejar al
descubierto, nuevamente, esa mirada fría y ajena a mí, hasta el agobio.
(4,345...)
Entonces tropecé y soñé que despertaba... pero no fue así, porque entonces
descubrí que esta pesadilla estaba dentro de otra, que nunca fue la primera,
pero tampoco la última.
Io
07-12-2022
****
[Metadata de Registro: 9+2+5=7; 1+1+0+5=7; 1+2+8+5=16 => 1+6=7 … 5+4+5+2=16
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Si
algo caracteriza a mis pesadillas es su infinita capacidad de agobio. No son
tan ricas de motivos como los cuadros del Bosco. Solo difieren de la realidad
en cuanto que el tiempo y el espacio son distintos, así como en la capacidad
combinatoria que en el sueño, conocen una libertad vertiginosa.
(Sergio Pitol: El arte de la fuga,
fragmento)
(925...) Siete segundos en una pesadilla
(1,105...)
Yo estaba ahí, frente al espejo, observándome, sintiéndome ajeno a esa imagen
reflejada, hasta desconocerme. Entre mis manos, desde el grifo, caía lenta el
agua fría que luego lanzaba con fuerza en mi cara y cabello, intentando
despertar de aquello que supuse, no sé por qué, como una pesadilla.
(1,285...)
¿Escapar? Sí, lo intenté no sé cuántas veces sin lograrlo. Desesperado, lograba
abrir los ojos creyéndome por un instante a salvo, sin estarlo. Porque
nuevamente volvía a encontrarme con esa mirada ajena a mí, o a cualquier
recuerdo que de ella tuviera.
(1,645...)
Y en cada intento, regresé al mismo instante previo al escape: amarrándome con
agobiante lentitud las agujetas de mi calzado para correr después sobre los
pedazos de esa noche esparcidos en la calle. Era la misma calle que momentos
antes había observado desde la ventana como un sendero oscuro y frío. El frío
entumecía mis manos y cuarteaba mi rostro hasta destrozarlo, llevándome, de
nueva cuenta, a esta pesadilla.
(2,905...) Sin saber cómo ocurría, en ese escape de pronto alcanzaba la cima de una montaña, hecha de los pedazos de esa noche sin poderme desprender, ni aún ahí, de esa mirada.
(3,805...) Estab exhausto y mientras buscaba recuperar el aliento, esa mirada dejaba caer todo su peso sobre mi espalda.
(3,985...)
Intenté bruscamente apartarme de él y de esos ojos que me ahogaban. Al hacerlo,
todo a mi alrededor se derrumbaba como un lienzo desgarrado por el tiempo,
destejiendo la maraña de las líneas que le daban forma. Todo para dejar al
descubierto, nuevamente, esa mirada fría y ajena a mí, hasta el agobio.
(4,345...)
Entonces tropecé y soñé que despertaba... pero no fue así, porque entonces
descubrí que esta pesadilla estaba dentro de otra, que nunca fue la primera,
pero tampoco la última.
Io
07-12-2022
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