I´m on fire



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1985 no parecía ser distinto al año que terminaba. Meses atrás, tomar carretera sin rumbo se había convertido en un ritual que iniciaba antes del amanecer, en frecuentes escapadas de fin de semana. La soledad del asfalto se acompañaba con el deseo de encontrar el amanecer entre las montañas o, en otras ocasiones, con el murmullo del mar entre acantilados.

Al otro lado del mundo, la vida continuaba su curso entre conflictos y guerras; en el mío, la soledad del trabajo y sus compromisos encontraba su balance entre kilómetros y horas de ausencias sobre el asfalto.

La primera vez que la escuché regresaba a la Ciudad de México, cuando el ’84 se consumía en días de fiestas decembrinas. Días atrás había comprado unos casetes durante el viaje que había hecho al norte del país, por el estado de Tamaulipas, y uno de ellos iniciaba en el lado A con I’m on Fire, de Bruce Springsteen. Decía más de lo que sus palabras llevaban. La soledad de esa vida que llevaba llegaba poco a poco a su final, aunque nunca pude siquiera imaginar que ese día, en mi futuro próximo, me llevaría al encuentro con ella.

I’m on fire… se escuchaba esa mañana cuando desperté con una extraña emoción. Nuestros encuentros, ahora más frecuentes, pintaban la vida de otro color, y su aroma —al tenerla cerca— llenaba cada instante incluso en la distancia. Nada de lo que había llenado mis días antes de su llegada parecía haber existido jamás. Subí al auto y emprendí la marcha sin destino.

Dos años atrás, mi vida parecía haber encontrado su camino; su derrumbe me había llevado a cuestionarlo todo. Semanas atrás, aquel encuentro inesperado había derrumbado el muro que absurdamente había construido para protegerme y dejar atrás aquella historia de años antes. Y sí, lo admito: estaba feliz por todo lo que, a principios del ’85, ocurría en mi vida…

Por la noche,

At night,
me despierto con las sábanas empapadas,
I wake up with the sheets soakin' wet,
y un tren de carga atravesando mi cabeza,
And a freight train runnin' through the middle of my head.
Solo tú puedes enfriar mi deseo,
Only you can cool my desire.
Oh, oh, oh, I’m on fire.
Estoy en llamas.
Oh, oh, oh, I’m on fire…

Sí, estaba en llamas. Pero debía asimilarlo. Pensar.

Manejé por horas hasta llegar al mar. Quizás escapar había sido la idea que me llevó hasta ahí, pero aquella inmensidad susurraba a mis oídos un lenguaje nuevo e incomprensible.

Dos días después regresé y busqué el anillo que comprometería mi vida con la de ella. Seis meses después unimos nuestras vidas y viajamos hacia el mar, del mismo modo que lo hemos hecho por cuatro décadas: entre historias que se cuentan como sueños.

Io
11 10 2025

      

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