El bosque de las palabras (xvi) Balam i
Buscando llegar... a ninguna parte...
Balam
Capítulo Primero
Por más que lo intentaba, no encontraba
respuestas, quizás porque no existían. Solo le quedaba deambular a la espera
del autobús que lo sacara de ahí, para dejar atrás todo aquello que, hasta la
noche anterior, había sido suyo y cotidiano. Aún le quedaban largas horas de
viaje, y esa escala que no acababa lo obligaba a observar con fingido interés
lo que de otra forma no lo tendría. Harto por la espera, se tumbó nuevamente
sobre el primer asiento que encontró en la sala de la estación y dejó pasar el
tiempo, que parecía colarse, lento y desgastado, a través del sucio ventanal
que lo separaba del vacío andén de la estación.
De pronto, se escuchó por el altavoz:
«Pasajeros a Minatitlán», lo que atrajo su mirada nuevamente hacia el andén
para comprobar la llegada del autobús que lo sacaría de ahí. Se apresuró a
abordarlo.
Hasta entonces, no se había percatado de
la soledad que le rodeaba desde que había llegado a la estación y que él sería
el único pasajero de ese autobús. Ya dentro, se dejó caer sobre el asiento que
encontró a mitad de pasillo y, así sin más, cerró los ojos, decidido a
extraviarse en el sueño. Lo que ocurrió, hasta que el monótono murmullo del
avance del autobús por la carretera lo despertó, acortándose la distancia a su
destino.
«¿Qué es lo que buscamos? ¿Para qué esa
búsqueda? ¿A qué le tememos? ¿Por qué...?» se preguntaba, quizás intentando
justificar aquel desastre que dejaba atrás cuando decidió alejarse.
Se derrumbó. — ¡Qué triste final nos
espera — murmuró — Ningún ardid puede disipar este miedo al vacío, ni la
religión, ni el más racional pensamiento pueden borrar ese temor a la muerte
que nos rodea como único destino… ¿A qué le tememos? ¿Será acaso el miedo a
caer en la anestesia sin retorno?...
De pronto, un mensaje en el celular lo
sacó de esos pensamientos. Lo leyó intrigado:
Pienso en los grillos que cantan a oscuras y
en los planetas que pasean cabeceando en su eje.
Al terminar la jornada, me fío al golpe binario de las aspas
o al tetrámetro balseado de un cielo de diamantes y me dejo adormecer:
Picture yourself in a boat on a river…
Sé que bastan los acentos de un ritmo simple para tener a raya la entropía
y despertar a la mañana siguiente,
todavía en un mundo.*
«¿Cómo había llegado este texto a la
pantalla de mi celular?», se preguntó después de releerlo nuevamente y
comprobar que este no era un mensaje, mientras un sentimiento de consuelo lo
inundaba, porque estas palabras se acercaban a una respuesta, pero sin
lograrlo. «Picture yourself in a boat on a river… » repitió entre
labios. ¿Quién pudo ser...? ¿Cómo lo hizo...?
Pulsa aquí para ir a: Balam. Capítulo segundo
Io
11 092021
------
* Fragmento de Tierra roja. Francisco Segovia. Letras Libres No. 133 enero 2010.

Comentarios
Publicar un comentario