El bosque de las palabras (xviii) Balam iii

 

BALAM




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Capítulo Tercero

El mensajero acercó el paquete a Guido. — Es para usted — le dijo, mientras activaba el escáner para registrar su firma biométrica.

Guido sopesó el paquete con desgano mientras leía el remitente en la etiqueta: <TES.QR LTD 39176 Mormon Bridge Rd., Omaha. NE 8450 USA>. — ¿Qué podrá ser? — se preguntó sin intención de averiguarlo.

Se dio la vuelta para entrar a su departamento y abandonó el paquete sobre la mesita donde dejaba la correspondencia que no era de su interés inmediato. Estaba harto de ese aislamiento impuesto por el ritmo de trabajo que TES.QR LTD le había impuesto los últimos dos años, pero qué hacer si, además, él mismo sabía que no había logrado formar estrechos lazos de amistad con nadie desde la universidad. No le era fácil intimar con las personas y, además, esa obsesión por el trabajo lo había alejado aún más de toda posibilidad desde el inicio de la pandemia, que había afectado al mundo entero y que lo obligó, por disposición de la empresa, a realizar su trabajo en casa.

Tomó su desayuno escuchando sin atención el monólogo de las noticias en la red. Luego, caminó hacia la sala y, cerrando los ojos, se tendió sobre el piso.

— "Alex" sal de la red, muestra opciones de reproducción de audio, DCD/ANABASIS $\ — ordenó al sistema aithinQ °, que, a él, lo reconocía para actuar cuando lo llamaba "Alex".

A la vista, se desplegó la imagen holográfica del menú de música de su elección personal, eligió un track ya conocido, y se abandonó en el viaje audiovisual que se proyectaba por encima de él en 3DReal a través de selvas de exuberante belleza.

De pronto, el sonido de un aleteo llamó su atención sin que lo encontrara. Se levantó agitado mientras la música se confundía con los sonidos de la jungla que envolvían ese espacio. Cantos de aves, gruñidos de ocultas bestias, insectos y agua corriendo saturaron sus sentidos, pero ese aleteo era tan real que intentaba inútilmente encontrarlo. — "Alex", para — pero esa mezcla de sonidos continuaba ahí. ¿Cómo podía ocurrir esto?, pensaba sin encontrar alguna lógica que explicara esta ilusión, que no podía ser otra cosa más que eso, una ilusión, desde su confusa perspectiva.

Nuevamente el aleteo sobre su cabeza y, al buscarlo, sin comprender lo que ocurría, los muros del departamento empezaron a desvanecerse junto con el techo, dejando al descubierto, enormes árboles que se extendían hacia el cielo gris cargado de sofocante humedad que perlaba su rostro de sudor y lo llevaba a descubrir su propia desnudez, abandonada en esa selva indómita.

Con cautela dio unos pasos entre esa exuberancia de color, aromas y sonidos que nublaban sus pensamientos. Mientras avanzaba y a cada paso, el sonido de agua corriendo aumentaba hasta dejar de ser solo un murmullo. «¿Un río?» se preguntó, apresurando sus pasos hasta quedar al margen del impetuoso caudal que se abrió a su mirada. Sediento, se tendió a la orilla para beber y refrescarse, hundiendo el rostro por unos segundos en el lecho de ese río, pero al salir, se le heló la sangre. Frente a él, del otro lado del caudal, un Jaguar lo observaba fijamente. Esperó inmóvil, sopesando la situación y su evidente desventaja ante esa bestia formidable, que de pronto, de un salto e imperceptible gruñido, desapareció entre las sombras de la jungla.

Aliviado, se tumbó de espaldas con una palabra en los labios, hasta entonces para él intrascendente: Balam. Dejó vagar la mirada entre las copas de los árboles, intentando recuperar el aliento mientras repetía Balam, Balam, hasta que en lo alto, entre las ramas, descubrió revoloteando en círculos una mariposa de gran tamaño. La siguió con la mirada hasta que esta se detuvo sobre el tronco de un árbol. Cada ala, tan grande como la palma de su mano y en cada una, en sus bordes, con hermosos trazos semejantes a serpientes que en su interior albergaban los colmillos de un felino. «¿Qué es todo esto? …» volvió a preguntarse, murmurando en silencio Balam, sin encontrar respuestas.

De pronto, el vértigo lo arrastró al vacío que cesó cuando abrió los ojos para descubrir que estaba entre los muros de su departamento. El silencio lo llenaba todo. Se incorporó con el cuerpo maltrecho, húmedo, entre rastros de barro y residuos de vegetación. Empujó sus manos entre el cabello saturado de asperezas hasta detenerlas por debajo de la nuca, intentando comprender lo ocurrido. Nada de todo esto encajaba en la realidad y, sin embargo, estaba seguro de que algo extraordinario había ocurrido sin comprender el cómo ni el por qué.

Caminó lentamente hasta el baño y se apoyó sobre el lavamanos, mientras la mirada descubría sobre el espejo, la imagen de su rostro envejecido y el corazón a punto de estallar. Abrió el grifo y mojó con fuerza su rostro, intentando borrar con desesperación todo aquello. Al abrir los nuevamente los ojos, esa imagen había desaparecido del espejo, dejando ver su rostro sucio y maltrecho. Entonces arrojó repetidamente agua sobre la cabeza para limpiarse e intentar dejar atrás inútilmente aquella alucinación. Pero rastros de oscura tierra habían quedado entre las comisuras de las uñas y los dedos como prueba de su intromisión en otro mundo, quizás otro universo al que había sido arrastrado misteriosamente y que agravaba aún más lo ocurrido.

Después de todo esto, eventos extraordinarios transformarían para siempre su vida...





Io






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*Dead Can Dance - 'Anabasis' La palabra Anábasis viene del griego Anabasis y significa "Subida”.
° aithinQ: ai=artificial intelligence;  thinQ= Sistema inteligente de "administración y operación de todas las cosas de una vivienda" 

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