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Una tardía postal de navidad

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Toca aquí La escuché buscándome desde el piso de abajo de aquella casa de mi infancia. El frío de esa mañana y mi enojo me habían empujado a esconderme bajo el cobertor de la cama, que por esos días lucía radiantes estampados navideños y deseos que, bien lo sabía, no se cumplirían. Aunque mi mamá mantenía por toda la casa los adornos, el nacimiento del Niño Jesús y el espléndido árbol bajo el que, una semana antes, habían aparecido como cada año los regalos de Reyes, yo seguía sumido en una desilusión terca, esa rebeldía tan natural a los nueve años cuando un deseo parece imposible. Y el mío, aparentemente, lo era. Lo único que anhelaba no había llegado, a pesar de que aquello que necesitaba sobraba por todas partes al otro lado de la ventana: frío. Mucho frío. Días antes de la Navidad había escrito mi petición detrás de una postal con un paisaje cubierto de nieve: Queridos Reyes Magos: solo les pido un poco de nieve que llene mi ventana al amanecer. Solo eso. Sé que quizás no lo merez...

Noche de Todos Santos

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  Toca sobre le ícono de youtube para escuchar mientras lees. Una noche en  Coyoacán Motivos de trabajo me llevaron esa noche a Coyoacán, y lejos estaba de imaginar lo que ahí, iba encontrar. El lugar tiene su encanto en La Noche de Todos Santos, pues la gente suele caminar disfrazada de Catrinas, Charros Negros, la Calaca y entre tantos, los nahuales  dibujados entre sombras  en espera de una vida arrebatar.    Y con ese paisaje del barrio colonial,  entretuve la mirada mientras conducía al lugar donde debía entregar, el encargo que treinta y tres días atrás, a las puertas de la imprenta ordenara aquel extraño hombre  de mirada fría  y mortecina piel.   Hermosa la caligrafía que en mi mano puso del manuscrito de instrucciones que debía acatar, que entre ilustraciones describía  los detalles de la hechura de ese libro  que por extraño, era inusual: cuarto mayor para el tamaño de treinta y tres hojas de pulpa de madera, que enca...

El bosque de las palabras (xix) Balam IV

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  Toca aquí Balam Capítulo Cuarto Volver... es iniciar un largo viaje. Guido observaba caer la lluvia, lenta y silenciosa, desde la ventana, entre destellos bajo el cielo encapotado de esa tarde, imaginando lejanas tormentas mientras recordaba aquellas aventuras que solo pudo ver a través de los relatos del abuelo. Siete meses habían pasado desde aquella noche en que lo encontró sin vida, y que habían dejado preguntas sin respuestas a eventos que ahora lo asaltaban entre sueños, como aquel extraño mensaje que llegó esa noche. Lo buscó nuevamente en el celular sin encontrarlo y se abandonó finalmente en los recuerdos... — ¿Cómo pudo ser así? — le preguntó al abuelo. — ¿Qué cosa, Guido? — ¿De verdad esperas que te crea? — lo cuestionó mientras esperaban cobijados bajo un repecho rocoso a mitad de la montaña a que cesara la lluvia que los había atrapado, en una de tantas caminatas por el bosque de fines de semana en vacaciones. La imaginación lo llevaba de la mano en las palabras del ...

Sin palabras

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  Fragmentos de una Historia — No vendrá — pensó, mientras el oscuro trago de la noche atravesaba sus entrañas. Él, a la distancia, la observaba inmóvil en la entrada del café donde se encontrarían. Incapaz de romper esa distancia que por más de treinta años había hecho del recuerdo una ausencia. Y, sin embargo, ella estaba ahí, como un misterio, incapaz de desdoblar cada pliegue que el tiempo había dejado entre los dos, agrietando el alma hasta romperla y dejarlo sin palabras... — o — Sin desearlo, ella decidió terminar con esa espera, murmurando: —  Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne más secreta, quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todavía creo estar viviendo.  *. Ya no hubo más tiempo entre sus vidas, y él, absurdamente, la dejaba ir sin más palabras, para siempre. Io 190821 *  Fragmento de  Tu más profunda piel En esta vaga vainilla de tabaco que hoy me mancha los dedos se despierta la noche en ...

El bosque de las palabras (xiv): Kaleb

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  Toca aquí — Yuli, somos amigas desde niñas. Me has contado tantas historias que no sabría dar un número para definirlo. En algún momento me pregunté si todas salían solo de tu imaginación, o si las habías tomado de algún libro cuando hablabas de la casa. Nunca imaginé, y perdóname por eso, que en verdad existiera esta casa, pero ahora… — Lo sabía — La interrumpió. Se acercó a Mary y puso entre sus manos la moneda del Simurgh. Mary, sorprendida, le devolvió una sonrisa sin saber qué más decir. — Mary, esta casa y yo crecimos juntas, somos casi de la misma edad y en todo este tiempo, ha sido inevitable escuchar las historias y el origen de muchas de sus partes. De algún modo, esta casa es un libro con historias que contar. La crónica que Yuli nos había dado de ese día en que llegó Kaleb con el mosaico encerraba incógnitas envueltas en misterios que yo deseaba descubrir. La figura de Kaleb me parecía fascinante: ¿de dónde había llegado? ¿Cómo había ocurrido ese rescate? ¿De quién ha...

Fantasía

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  Toca aquí De pronto, la observo acercarse siguiendo el mismo rumbo que llevan mis pasos sin que ella se percate de que la he descubierto. A pesar de eso, finjo que la ignoro, sin evitar ese adictivo deseo de llamar su atención, detenerme y volver a esa rutina de escuchar alguna historia que pudiera, o no, ser la misma a la del día anterior y que, a pesar de ello, la irremediable cotidianidad siempre matiza para hacerla parecer distinta. Cuando imagino que la he dejado atrás, que he logrado sacudirme ese "adictivo deseo" para dejarlo en "solo deseo" y escapar, descubro pasos adelante que no es así. Entonces me devuelvo para encontrarla y me dejo arrastrar por esas historias de final quizás o no conocido, pero que, en el interminable laberinto de las palabras, son tan increíblemente distintas que no me canso de escucharlas en la fantasía de mi imaginación, alojada entre miríadas de páginas de libros. Io 22 0621 ----- + El mejor invento, el libro «De todos los ins...

Escenas infantiles

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  Toca aquí para escuchar y ver Escenas Infantiles Robert Schumann Robert Schumann vislumbró en el ocaso de su vida la locura y sin embargo, ésta es apenas una mención en ella por que, su genialidad, ha trascendido hasta nuestros días. Al escuchar su obra, es posible percibir su total comprensión del universo a pesar de ese mal que lo consumió irremediablemente cuando, ante la majestad de todo lo existente, se evidencia la lastimosa pequeñez humana, opacada por el genio de su obra. Io 19 0621  

El bosque de las palabras (xiv): El Libro

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Toca aquí Jesús continuó hablando mientras caminábamos por otro corredor similar al que nos trajo hasta el comedor, sin que yo supiera a dónde llegaríamos. Finalmente, entramos a una amplia galería decorada por un vitral de belleza excepcional y grandes proporciones que cubría en su totalidad, uno de los muros. "Serenitatem ad quamdam extrinsecam denominationem, non reges" se leía por encima de dos figuras enfrascadas en el juego de ajedrez: una, un atribulado rey ataviado con espléndida capa de armiño y corona abandonada sobre el piso, frente a la otra, su soldado, desprovisto de su espada quien parece cuestionarlo a aceptar, el inminente jaque mate al que lo ha llevado. Al otro lado de la galería, un librero con amplias gavetas a nivel del piso, y el resto del lugar, ocupado con diversas esculturas y artefactos de evidente antigüedad. — ¿Qué tan antiguo es este vitral? — pregunté, acercándome a él. — El arte del vitral — empezó a darme una explicación — alcanza su esplendor...

El bosque de las palabras (xiii): El cuadro Negro

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  Toca aquí Recorrimos hasta el final el largo corredor de saeteras, iluminadas por la luna de esa noche, dejando atrás el mosaico de La Rosa de los Vientos. Mientras avanzábamos, el mismo laberinto limitado de altos setos se extendía entre las saeteras que encontrábamos, hasta que llegamos a otro salón de estilo gótico, alojado bajo una bóveda de crucería estrellada y de cuyo centro pendía un candil de hierro, idéntico al que encontramos al llegar. Por mobiliario, una mesa de madera rústica y sillas para doce comensales, armadas con cintillos y esquineros de herrería negra, que parecían haber sido extraídos de una leyenda de la Primera Cruzada. Sobre la mesa, había una hermosa vajilla de estilo Mudéjar y en uno de los muros, un lienzo oscuro, extrañamente negro y evidentemente antiguo, del que solo pude adivinar sombras. — Todo esto es extraordinario — Dijo Mary, abrazándome del brazo. — ¿Cómo surgió la idea de este proyecto? — Pregunté a Jesús. — No hubo intención premeditada, fu...