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Every Breath You Take

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  Pulsa sobre el icono de youtube y escucha al leer: Cada respiro que tomas Every breath you take Y cada movimiento que haces And every move you make Cada vínculo que rompes Every bond you break Cada paso que das Every step you take te estaré observando I'll be watching you Fragmento The Police En 1983, “Every Breath You Take” del grupo Police se escuchaba en la radio. El mundo estaba al borde de la aniquilación nuclear mientras la Guerra Fría se acercaba a su fin. Un año de grandes contrastes: el descubrimiento del virus del SIDA ocurría al mismo tiempo que nuestros ojos miraban al cielo con el transbordador espacial Challenger y la sonda Pioneer 10 se aproximaba aún más al borde del sistema planetario al rebasar la órbita de Neptuno. A la vez, el advenimiento de la técnica PCR (reacción en cadena de la polimerasa) sembraba los pilares de la comprensión de los mecanismos de acción del ADN, para luego dejarlo como "algo" de uso común, aunque poco entendiéramo...

Everybody Wants To Rule The World

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  Pulsa sobre el icono de youtube y escucha al leer: Everybody Wants To Rule The World Tears For Fears   Bien venido a la vida, no hay vuelta atrás, incluso mientras dormimos te encontrará […] Tomados de la mano, mientras los muros se derrumban, estaré junto a ti.   Fragmento Everybody Wants To Rule The World     Enero de 1985...  Aquella noche, la vida empezaba entre miradas.  Lo sé, veintisiete años no son pocos, pero tampoco lo eran tantos a esa edad cuando mirar hacia el futuro, no tenía sentido. La vida era un "ahora", y aquel horizonte del futuro tan lejano, parecía que nunca llegaría. Entender todo esto, me ha llevado cuarenta años de vida y experiencias y, aun así, no sé si lo he entendido del todo. Avanzamos día con día entre sueños, realidades y casualidades que ignoramos. Vivimos en la fantasía de creer que decidimos un rumbo, cuando gran parte de este se ha dado sobre un piso que no miramos. Y ahí estaba yo, al inicio de “al...

Give a Little bit

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  https://youtu.be/0dJ30dREjaE?si=i7jsEh0LeVXqJD81 Give a Little bit Supertramp   De pronto desperté a medianoche escuchando una maravillosa canción que, me transportó de inmediato a 1977. Give a little bit escapaba por los auriculares como en aquellos días, cuando recién había terminado la preparatoria y, mientras esperaba el ingreso a la universidad, estudiaba inglés en un Instituto, patrocinado por la embajada de los Estados Unidos en la calle de Liverpool. Después de clases, caminaba por las calles de la Zona Rosa para "hacer tiempo" y, así, llegada la hora, encontrarme con ella en el café del Hotel Geneve, en la misma calle del instituto donde ella me daba la clase.  —Hey, want to join me? —me dijo sonriendo. Me acerqué hasta su mesa sin pensarlo, me había atrapado como pajarillo que ahora comía de su mano, en esa época de adolescencia sin experiencia, cabellos largos, pantalones ceñidos a la cadera, camisas ajustadas al cuerpo de colores t...

Solo una vez más

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Alla fine del cammin della nostra vita, dammelo, solo un'altra volta. …Estoy aquí, al final del sendero. Siempre supe que este día llegaría, y aun así lo ignoré, porque entonces no era el tiempo. Vuelvo la mirada al pasado y aquello que parecía lejano ya no lo es. Destejo el camino andado y pienso, que pasaría contigo la noche evocando fantasmas,  aunque solo fuera por una vez más. Y en su silencio, como las hojas de un libro  abrir la puerta de tus sueños, y navegar en tú mar sin tierra a la vista. Aferrándome al timón como quien se aferra al destino para no perderme del todo. Solo una vez más quiero tenderme en la arena, sentir la fuerza del mar en el calor de tu cuerpo hasta apagar lentamente el deseo.  Beber de tu copa y luego la otra, hasta quedarme dormido en tus sueños. Despertar con el sol en el rostro,  caminar sobre el muro del tiempo, y ascender tan alto que se me escape el aliento. Quiero mirarte perdida en tus ...

LA CASA QUE HABITA EL TIEMPO

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Pulsa aqu í En algún lugar donde los caminos ya no tienen nombres y el silencio pesa más que las palabras, apareció una casa. No fue construida. Fue encontrada. Como si la tierra, paciente, la hubiera soñado durante siglos y un día, sin aviso, la dejara florecer entre raíces y luz. No tenía muros que impusieran fronteras, ni techos que cerraran el cielo. Era más bien un gesto de la tierra: un susurro de madera, aire y sombra. La llamaban Casa Ciclaria, aunque nadie sabía con certeza por qué. Algunos decían que era porque allí el tiempo no corría, sino giraba. Otros, que el nombre provenía de una antigua lengua olvidada, en la que “Ciclaria” significaba “el lugar que recuerda”. Un viajero llegó hasta ella. No por destino, sino por agotamiento. Venía del ruido, del hacer sin pausa, de la geometría del concreto. Traía los pies cansados y los ojos llenos de pantallas. Tocó la puerta, pero la puerta ya estaba abierta. No lo esperaba nadie, salvo el murmullo de una casa despierta. Adentr...

Un recuerdo mágico

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  Aquella mañana, cuando a nuestros ojos llegó el asombro, en un instante nos acomodamos  dejando un amplio espacio circular al centro del patio de la escuela. Reíamos, brincábamos, corríamos sin rumbo mientras Elenita (mi maestra), intentaba inútilmente, encontrar orden entre esos gritos y correteadas. Nadie le había advertido del riesgo que implicaba para su salud emocional, liberarnos en el patio de recreo en ese día de fiesta, el del Día del Niño y, por más que se esforzaba, solo conseguía exhalar su frustración ante sus fallidos intentos hasta que, de pronto, la mirada de los niños sobre el recién llegado obró el milagro; aquel sujeto de levita a cuadros de colores, sombrero de bombín carmesí y enormes zapatos bicolores y tres enormes globos atados a la ridícula maletita que cargaba en una de sus manos, parecían elevarlo al cielo azul de esa mañana mientras que, con la otra, llevaba a la boca el silbato que chillaba entre risotadas. ¿Cómo pudo hacerlo? Murmuró Elenita. En...

Divagaciones

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                                                                      "Dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez"  y "quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo" La casa de Asterión, Jorge Luis Borges     Divagaciones   Alguien tocó a la puerta y, no la abrí. El tráfico y la lluvia me habían agotado tanto que, al llegar a casa, solo deseaba descansar, olvidarme de todo y, esa inoportuna llamada a la puerta solo era un fastidio más que ignoré. Así que, me recosté sobre el sillón de la sala sin esperar nada por las horas que quedaban de la tarde. Dormité brevemente y ese parpadeo, me llevó a la pesadilla de estar atrapado en un laberinto; no era como aquellos de intrincada y monstruosa arquitectura, la de este, era tan simple y...

Nuestro primer encuentro

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La vida en la ciudad abruma, dilata el tiempo, nos desgasta. Aquel día, agotado al llegar a casa, cerré la puerta con enfado. ¿Qué más podía hacer para escapar de esa cotidianidad agobiante y sentirme a salvo? Solo cerrar la puerta. Pero aquello siempre ha sido un espejismo de libertad que disfruto por un instante, antes de descubrir que solo soy un prisionero en mi espacio... Mi espacio, construido con cada fantasía de escape. Fue entonces que ocurrió nuestro primer encuentro. Sus pequeñas garras se aferraron a mí, arañando mi pantorrilla al atravesar la tela del pantalón. Quizás del mismo modo que yo me aferro a la fantasía de escapar a otro mundo al atravesar la puerta día con día. ¿Qué hacía ahí esa pelusa blanca de grandes ojos de miel, robándome una sonrisa? —¿Cómo entraste? —le pregunté sin recibir respuesta. Solo un extraño ruidito, un ronroneo, dirían algunos, sin que dejara de mirarme fijamente. Supuse entonces que, como anfitrión, mi deber era invitarlo a comer, y quizás así...

En un instante

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Nuestro destino (...) no es espantoso por irreal;  es espantoso porque es irreversible y de hierro.  El tiempo es la sustancia  de que estoy hecho. El tiempo de Borges                                                                                Toca sobre el ícono de youtube para ambientar tu lectura En un instante, encontré incomprensibles diferencias: un absoluto silencio, el tiempo acumulado en polvo sobre los escalones de la entrada de la casa, el abandono en la puerta, el rostro frío y entumecidas las manos. Con torpeza, busqué las llaves en el bolsillo y, en el intento por abrir la puerta, la piel de mis cuarteadas manos se estremeció. Perdí la fuerza de la voz, que lenta escapó, decrépita como un murmullo, sin que pudiera articular palabra alguna. Pero la memoria, ...

Divagaciones al filo de la noche

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 Toca aquí El cosmos es todo lo que es, lo que fue o lo que será alguna vez. Nuestras contemplaciones más tibias del Cosmos nos conmueven: un escalofrío recorre nuestro espinazo, la voz se nos quiebra, hay una sensación débil, como la de un recuerdo lejano, o la de caer desde lo alto. Sabemos que nos estamos acercando al mayor de los misterios. —Carl Sagan En algún lugar bajo las estrellas —Antes de ir a la facultad, miraba el cielo por las noches haciéndome preguntas. Pensaba entonces que obtendrían respuesta si conseguía suficientes conocimientos acerca de todo. Y no fue así. Cuanto más me empeñaba en comprender, más me convencía de la imposibilidad de aquel sueño. Descubrí que la vida no es suficiente para satisfacer nuestra curiosidad, porque hay tanto que descubrir. Solo piensa en esto: materia oscura. —¿Materia Oscura? ¿De qué hablas? Ya de por sí lo que me dices abruma y... —Lo sé. A mí me pasa igual porque es tanto lo que ignoramos que intentar explicar el porqué de esto, ...

Ausencias

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                              Toca aquí Ausencias Hay ausencias que nada importan; otras, si alguna vez lo hicieron, ya no importan. Pero ¿qué hay de aquellas que, aun estando ahí, en silencio, colgadas del muro del olvido, nos esperan deseando encontrar algún recuerdo? Alguna vez, buscando orden en las cosas de mi vida, entre tantas, una se cruzó por mi mirada en espera del encuentro, dibujado con un nombre, ya sin rostro, ya sin tiempo. La observé sin comprender que ese encuentro era lo más próximo al vacío que nace de la ausencia. No pude recordar su rostro. En mis manos, páginas sin recuerdo, y lo inútil de mi esfuerzo por hallarlo. Las arrojé lejos de mí, repitiendo entre los labios el sonido de su nombre y aquellos números que alguna vez significaron un encuentro en un pasado ya sin tiempo. Y si ocurriera… ¿qué le diría? ¿Qué emoción escaparía al no encontrar alguna voz conocida? ...

El bosque de las palabras (iii): El mar

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Toca aquí Dejé que me inundara con su aroma antes de abrir sus páginas, y al hacerlo, escuché tu voz: lejana, ausente, al encuentro de esa carta que alguna vez se extravió entre sus páginas y el tiempo. Siempre hay un principio, aunque este sea el final del primer capítulo o el epílogo de una historia que con necedad ignoramos, sabiendo que, página tras página, en algún momento nos alcanzará el recuerdo. Pero tú y yo, en secreto, lo sabemos: que aquel manoseo en la escalera estrecha, que el hielo contrito en la imaginación de la escarcha furtiva en el vidrio de tu aliento en mi boca * escribió en mi memoria, las palabras de esa noche de lluvia cuando entramos a la habitación para descubrirnos, entre las caricias que hasta entonces solo imaginamos cuando te cobijé en mis brazos, y entre la impaciencia de nuestros pocos años, y dejar que el calor de nuestros cuerpos nos llenara el alma para extraviarnos en el tiempo, ese que sin saberlo, solo fue el nuestro. Hasta que de pro...

El bosque de las palabras (xviii) Balam iii

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  BALAM Toca aquí Capítulo Tercero El mensajero acercó el paquete a Guido. — Es para usted — le dijo, mientras activaba el escáner para registrar su firma biométrica. Guido sopesó el paquete con desgano mientras leía el remitente en la etiqueta: <TES.QR LTD 39176 Mormon Bridge Rd., Omaha. NE 8450 USA>. — ¿Qué podrá ser? — se preguntó sin intención de averiguarlo. Se dio la vuelta para entrar a su departamento y abandonó el paquete sobre la mesita donde dejaba la correspondencia que no era de su interés inmediato. Estaba harto de ese aislamiento impuesto por el ritmo de trabajo que TES.QR LTD le había impuesto los últimos dos años, pero qué hacer si, además, él mismo sabía que no había logrado formar estrechos lazos de amistad con nadie desde la universidad. No le era fácil intimar con las personas y, además, esa obsesión por el trabajo lo había alejado aún más de toda posibilidad desde el inicio de la pandemia, que había afectado al mundo entero y que lo obligó, por dis...