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En un instante

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Nuestro destino (...) no es espantoso por irreal;  es espantoso porque es irreversible y de hierro.  El tiempo es la sustancia  de que estoy hecho. El tiempo de Borges                                                                                Toca sobre el ícono de youtube para ambientar tu lectura En un instante, encontré incomprensibles diferencias: un absoluto silencio, el tiempo acumulado en polvo sobre los escalones de la entrada de la casa, el abandono en la puerta, el rostro frío y entumecidas las manos. Con torpeza, busqué las llaves en el bolsillo y, en el intento por abrir la puerta, la piel de mis cuarteadas manos se estremeció. Perdí la fuerza de la voz, que lenta escapó, decrépita como un murmullo, sin que pudiera articular palabra alguna. Pero la memoria, ...

Divagaciones al filo de la noche

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 Toca aquí El cosmos es todo lo que es, lo que fue o lo que será alguna vez. Nuestras contemplaciones más tibias del Cosmos nos conmueven: un escalofrío recorre nuestro espinazo, la voz se nos quiebra, hay una sensación débil, como la de un recuerdo lejano, o la de caer desde lo alto. Sabemos que nos estamos acercando al mayor de los misterios. —Carl Sagan En algún lugar bajo las estrellas —Antes de ir a la facultad, miraba el cielo por las noches haciéndome preguntas. Pensaba entonces que obtendrían respuesta si conseguía suficientes conocimientos acerca de todo. Y no fue así. Cuanto más me empeñaba en comprender, más me convencía de la imposibilidad de aquel sueño. Descubrí que la vida no es suficiente para satisfacer nuestra curiosidad, porque hay tanto que descubrir. Solo piensa en esto: materia oscura. —¿Materia Oscura? ¿De qué hablas? Ya de por sí lo que me dices abruma y... —Lo sé. A mí me pasa igual porque es tanto lo que ignoramos que intentar explicar el porqué de esto, ...

Ausencias

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                              Toca aquí Ausencias Hay ausencias que nada importan; otras, si alguna vez lo hicieron, ya no importan. Pero ¿qué hay de aquellas que, aun estando ahí, en silencio, colgadas del muro del olvido, nos esperan deseando encontrar algún recuerdo? Alguna vez, buscando orden en las cosas de mi vida, entre tantas, una se cruzó por mi mirada en espera del encuentro, dibujado con un nombre, ya sin rostro, ya sin tiempo. La observé sin comprender que ese encuentro era lo más próximo al vacío que nace de la ausencia. No pude recordar su rostro. En mis manos, páginas sin recuerdo, y lo inútil de mi esfuerzo por hallarlo. Las arrojé lejos de mí, repitiendo entre los labios el sonido de su nombre y aquellos números que alguna vez significaron un encuentro en un pasado ya sin tiempo. Y si ocurriera… ¿qué le diría? ¿Qué emoción escaparía al no encontrar alguna voz conocida? ...

El bosque de las palabras (iii): El mar

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Toca aquí Dejé que me inundara con su aroma antes de abrir sus páginas, y al hacerlo, escuché tu voz: lejana, ausente, al encuentro de esa carta que alguna vez se extravió entre sus páginas y el tiempo. Siempre hay un principio, aunque este sea el final del primer capítulo o el epílogo de una historia que con necedad ignoramos, sabiendo que, página tras página, en algún momento nos alcanzará el recuerdo. Pero tú y yo, en secreto, lo sabemos: que aquel manoseo en la escalera estrecha, que el hielo contrito en la imaginación de la escarcha furtiva en el vidrio de tu aliento en mi boca * escribió en mi memoria, las palabras de esa noche de lluvia cuando entramos a la habitación para descubrirnos, entre las caricias que hasta entonces solo imaginamos cuando te cobijé en mis brazos, y entre la impaciencia de nuestros pocos años, y dejar que el calor de nuestros cuerpos nos llenara el alma para extraviarnos en el tiempo, ese que sin saberlo, solo fue el nuestro. Hasta que de pro...

El bosque de las palabras (xviii) Balam iii

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  BALAM Toca aquí Capítulo Tercero El mensajero acercó el paquete a Guido. — Es para usted — le dijo, mientras activaba el escáner para registrar su firma biométrica. Guido sopesó el paquete con desgano mientras leía el remitente en la etiqueta: <TES.QR LTD 39176 Mormon Bridge Rd., Omaha. NE 8450 USA>. — ¿Qué podrá ser? — se preguntó sin intención de averiguarlo. Se dio la vuelta para entrar a su departamento y abandonó el paquete sobre la mesita donde dejaba la correspondencia que no era de su interés inmediato. Estaba harto de ese aislamiento impuesto por el ritmo de trabajo que TES.QR LTD le había impuesto los últimos dos años, pero qué hacer si, además, él mismo sabía que no había logrado formar estrechos lazos de amistad con nadie desde la universidad. No le era fácil intimar con las personas y, además, esa obsesión por el trabajo lo había alejado aún más de toda posibilidad desde el inicio de la pandemia, que había afectado al mundo entero y que lo obligó, por dis...

El bosque de las palabras (xvi) Balam i

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Toca aquí Buscando llegar... a ninguna parte... Balam Capítulo Primero Por más que lo intentaba, no encontraba respuestas, quizás porque no existían. Solo le quedaba deambular a la espera del autobús que lo sacara de ahí, para dejar atrás todo aquello que, hasta la noche anterior, había sido suyo y cotidiano. Aún le quedaban largas horas de viaje, y esa escala que no acababa lo obligaba a observar con fingido interés lo que de otra forma no lo tendría. Harto por la espera, se tumbó nuevamente sobre el primer asiento que encontró en la sala de la estación y dejó pasar el tiempo, que parecía colarse, lento y desgastado, a través del sucio ventanal que lo separaba del vacío andén de la estación. De pronto, se escuchó por el altavoz: «Pasajeros a Minatitlán», lo que atrajo su mirada nuevamente hacia el andén para comprobar la llegada del autobús que lo sacaría de ahí. Se apresuró a abordarlo. Hasta entonces, no se había percatado de la soledad que le rodeaba desde que había llegado a la es...

El bosque de las palabras (xvii) Balam ii

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  Toca aquí Buscando encontrar... el silencio. Balam Capítulo Segundo «¿Cuánto tiempo ha pasado...?» se preguntó al bajar del autobús, mientras aspiraba el aroma de esa ciudad que, hasta ese instante, había quedado solo en sus recuerdos. Recuperó su equipaje entre miradas ausentes y buscó un lugar donde esperar al abuelo. Tomó la revista que horas antes había comprado en alguna escala de la noche anterior y la abrió al azar, quedando a la vista entre dos páginas, el cromo* de una obra de Félix de la Parra, en la que destacaba la imagen de una mujer indígena, humillada, afligida, postrada a los pies de Fray Bartolomé de las Casas, mientras en sus brazos yacía el cuerpo sin vida de su hombre, vencido por la fuerza de los invasores, sobre la escalinata de las ruinas del templo. «Qué tragedia» pensó, tratando de imaginar aquel dolor insoportable de la pérdida. Las horas pasaron hasta perderse en el sueño. Al despertar, la tarde había cambiado de color. Miró el reloj preguntán...

Brillante Antony Hoppkins

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Sólo escucha....  

La sombra

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Toca aquí Con la noche en la mirada, empieza el día. La primera campanada que llama a misa es la señal para despertarse; las otras, que caen como cascada hasta la última, le advierten que media hora se ha escapado, no para ir a misa, sino para escuchar la radio. Bastan unos minutos para prepararse y acercarse a la cocina, donde María ya ha dispuesto su desayuno con aroma de café sobre la mesa. Lo acompaña la voz inoportuna de la radio, esa que no espera ni admite comentario, solo su atención para darle el diario pormenor de un mundo ajeno a su mirada. — ¡María, apaga esa cosa! — le pide después de comprobar que nada hay nuevo, siempre la misma cosa: guerras, deslealtades, tragedias, carestía, enfermedades. Nada cambia (reflexiona) excepto por aquellas cosas que ahora son prodigio, pero que, a él, ¿de qué le servirían si vive entre las sombras? — Anda María, mejor cuéntame qué sabes de la hija de Julián, ¿ya se ha convertido en madre? — pregunta mientras mordisquea el pan. — No, d...

Siete segundos

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Si algo caracteriza a mis pesadillas es su infinita capacidad de agobio. No son tan ricas de motivos como los cuadros del Bosco. Solo difieren de la realidad en cuanto que el tiempo y el espacio son distintos, así como en la capacidad combinatoria que en el sueño, conocen una libertad vertiginosa. (Sergio Pitol: El arte de la fuga, fragmento) Toca aquí (925...) Siete segundos en una pesadilla (1,105...) Yo estaba ahí, frente al espejo, observándome, sintiéndome ajeno a esa imagen reflejada, hasta desconocerme. Entre mis manos, desde el grifo, caía lenta el agua fría que luego lanzaba con fuerza en mi cara y cabello, intentando despertar de aquello que supuse, no sé por qué, como una pesadilla. (1,285...) ¿Escapar? Sí, lo intenté no sé cuántas veces sin lograrlo. Desesperado, lograba abrir los ojos creyéndome por un instante a salvo, sin estarlo. Porque nuevamente volvía a encontrarme con esa mirada ajena a mí, o a cualquier recuerdo que de ella tuviera. (1,645...) Y en ...

Dos Laberintos

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  Toca aquí Dos laberintos Lo buscamos por días, siguiendo la ruta que acostumbraba, y cuando al fin lo encontramos ya no era el mismo. Su mirada perdida sobre un rostro transfigurado me dejó sin palabras.  ―Sé que no me creerás ―dijo, casi en silencio―, porque, incluso para mí, es difícil aceptar todo aquello que se acerca más a la locura que a un sueño. Pero esa noche, antes de continuar por la ruta que debía cubrir, escuché ruidos fuera de la habitación donde me hospedaba. Abrí la puerta y, al salir, sin que pudiera entenderlo, estaba en la selva con mi respiración entrecortada entre el zumbar de insectos y el corazón retumbando como lejanos tambores.  Aturdido, caminé entre sombras, opacadas apenas por la luz de la luna, hasta que, de pronto, me encontré con él. Inmóvil, lo observé ir y venir sin que me viera, temiendo a cada instante que me descubriera hasta que se detuvo, como si de pronto se hubiese percatado de mi presencia. Se acercó lentamente hacia mí para deci...

El juego

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Toca aqu í El juego Cuando entré en la habitación, lo encontré frente a la ventana, sin  que pareciera haberse dado cuenta de mi presencia. Me acerqué  lentamente a él, mientras su mirada permanecía extraviada en algún  lugar al otro lado del cristal. De pronto, empezó a hablar, intentando  responder a una pregunta que yo no le había hecho. —¿Qué por qué volví?... ¡Porque tenía que hacerlo! Me fui  pensando que no regresaría, y ya ves, no fue así. Los recuerdos, tarde  o temprano, terminan por convertirse en deseos tan grandes como la  distancia que intentaste dejar atrás para olvidarlos. Después de aquella  mañana de 1985, los días pasaban sin nada que me diera alguna excusa  o algún motivo para seguir viviendo. Deseaba la muerte, pero nunca  tuve el valor suficiente para encontrarme con ella. Y al llegar la noche,  entre las sombras, el alma se me achicaba sin encontrar un porqué o  para qué seguir con esta vida... Me sentí...