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El bosque de las palabras (xi): La Rosa de los Vientos

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  Toca aquí Aquel lugar parecía sacado de un sueño. Yuli se alejó en silencio de nosotros y, cerrando los ojos, empezó a contarnos la historia de cómo aquel mosaico había llegado hasta allí. — Tendría no más de siete años. No sé si el tiempo y el olvido han deformado el recuerdo de aquella tarde. Cuando los vi llegar, papá se refirió a esos hombres de aspecto extraño, en caravana, como «Los Tuareg». Se cubrían el rostro, dejando solo la mirada al descubierto para protegerse del sol. Descargaron en silencio el camión maltrecho y sucio en el que lo trajeron. — ¡Kaleb! — gritó papá, extendiendo la mano para saludar al gigantesco hombre que lo conducía. Se abrazaron con afecto, mientras su sonrisa, tan espectacular como su tamaño, me impactaba. Corrí a un lado de papá. — ¿Quién es? — pregunté, escondiéndome tras sus piernas. Ese hombre se colocó en cuclillas frente a mí. — Soy Kaleb, amigo de tu padre. En este cargamento se oculta una maravilla que tendrás que descubrir cuando esté arm...

Diciembre 1982

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  Toca aquí Ella aún dormía. La observé sobre el silencio de la noche, soñando en su mundo, desconocido para mí, ajeno después de tantos años de ausencia y ahora, me resultaba difícil aceptar que fuera cierto el tenerla tan cerca. La acaricié con la mirada para no perturbar su sueño, sin lograrlo. "¿Qué haces?" — me dijo adormilada. Ya no hubo más palabras y nos abandonamos entre las caricias que alguna vez soñamos por que en aquellos años aún no era el tiempo, y ahora, el destino nos había atrapado para dejarnos descubrir aquella idea abstracta que nos inventamos del amor, pero que nunca fue nuestro. Poco a poco me dejé llevar por sus caricias, perdiéndome en la ilusión de recuperar lo que no existía. pretendiendo olvidar lo que no deseaba olvidar, con la idea absurda de recuperar el aroma de aquel amor que hacía tiempo se había alejado. La penumbra cubrió la luz de la habitación, y por un instante, me miré en el espejo que nos observaba sin que pudiera ya reconocerme porque...

El bosque de las palabras (x)

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Mientras cae la lluvia, en el Bosque de las Palabras Toca aquí   La lluvia matiza las cosas, por eso a Pessoa * le gusta que caiga en diagonal. No es una lluvia enfática, destructiva; cae con la timidez de lo que arruina un poco sin estropear nada… No hay nada más melancólico que esos paisajes llovidos… (Texto tomado de Conferencia Sobre la Lluvia de Juan Villoro) Días atrás recibí esa partícula viral que, sin serlo, me ha dado ese beneficio de creer en un mejor futuro, ese del que, a pesar de mis esfuerzos, no logro vislumbrarlo y sobre el que he construido, una maraña de ideas con las que, torpemente tropiezo. Tres meses atrás, inmerso en el tráfico bajo una tímida lluvia diagonal (como la de Pessoa), observaba para distraer el tiempo, la nieve en las cimas de unas montañas que, como pretexto, había utilizado una marca de agua embotellada como pretexto publicitario, y no pude ver, que todo eso que me rodeaba, insinuaba uno de esos desastres que todo lo arruinan y a pesar de ell...

Si esperas...

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iO 7 05 21

Como papalotes

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Toca aquí   Como papalotes…  vuelan los recuerdos, impulsados por la voz que con el viento, se elevan a la altura de aquel tiempo en que soñar, no fue locura, solo algo cierto. Ahora, sobre el césped de mi tiempo ya crecido, juego como niño,  entre esas rómbicas figuras volando atado  al sutil y frágil hilo  de la memoria. Como papalotes,  vuelan los recuerdos, bajo el brillante azul del cielo y son ya tantos,  que la vista no me alcanza en mi deseo enorme, de abrazarlos. Io. abril 2021

De sueños e hibrimounstruos

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  Toca aquí De sueños e hibrimounstruos ¡Fantásticas! Así son las formas que habitan en los sueños… De niño imaginaba seres capaces de adquirir infinidad de figuras y mezclas imposibles: hibrimounstruos nacidos de gotas de lluvia atrapadas en los cristales de aquellas tardes rojas de otoño; o surgidos entre remolinos de las tolvaneras bajo el sol a plomo de cálidos veranos; o de sombras y silencios de las noches frías de invierno. Entre tantos, los hubo horribles y elegantes: unos como alados dragones de lenguas bífidas otros, cubiertos de plumas deslumbrantes o con lorigas brillantes, ocultando garras, cuernos y corazas. Y todos ellos acechándome en los sueños. Al abrir los ojos, nunca pude recordar cómo escapé de ellos, pero sí recuerdo que, si alguno quedaba entre mis sábanas, lo atrapaba con un lápiz sobre una hojade papel en un dibujo de trazo infantil. Y ya preso en la trampa, complacido, me sentaba a verlo desaparecer entre las llamas. Io 10 0421 ** Gabriel Lee ~ N...

El bosque de las palabras (vi): En el último instante de la vida

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  En el edificio de La Casa de los Azulejos°, un café.   Y ahí yo y u n desconocido que coinsidieron sin motivo ni razón alguna. De pronto, se sentó cerca de mí, como esperando iniciar una conversación. Pidió un café para acompañar al mío. Entonces dijo: — Llegamos a la vida con dolor, el mismo que olvidamos en los largos días que nos lleva consumirla. Pero al final, ante lo desconocido, nuestra necesidad de certeza nos lleva a experimentar un dolor incomprensible, con una intensidad semejante al vértigo que nos produce el vacío desde las alturas. — Supongo que eso depende de nuestras creencias religiosas, ¿no? — sonreí después de exponer mi argumento, pues ese desconocido parecía interesado en lo que le diría. — Quizás. Pero tal vez solo es nuestro deseo de seguir alimentando esa necesidad de certeza. Aceptar la transición hacia la muerte es como intentar resolver una ecuación sin solución. — Pero la muerte no es una ecuación — interrumpí por un instante. — Es cierto. Y ...

El bosque de las palabras (iv): Aprendí

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    He dejado de preguntarme si habrá un mañana, si habrá alguien que me acompañe en lo que me queda de vida o si acertaré o volveré a equivocarme, o si al dormir, cerrar los ojos sea lo último que haga y si después de esto, se iluminarán de luz al día siguiente para dar un paso más que sirva para derrumbarme o para seguir adelante y así, d espués de tanto caminar, he descubierto que Dios siempre ha hablado conmigo del mismo modo que lo hace contigo y no nos damos cuenta por que, sus palabras llegan, siempre llegan en infinidad de formas y esta noche, lo ha hecho entre las páginas de un libro: “De tanto perder aprendí a ganar; de tanto llorar se me dibujó la sonrisa que tengo. Conozco tanto el piso, que sólo miro el cielo. Toqué tantas veces fondo, que cada vez que bajo, ya sé que mañana subiré. Me asombro tanto de como es el ser humano, que aprendí a ser yo mismo. Tuve que sentir la soledad para aprender a estar conmigo y saber que soy, buena compañía. Intenté ayudar tantas v...

El bosque de las palabras (ii)

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Toca aquí Cualquier cordillera serviría, aunque los Alpes (según me dicen) retienen la historia de sus cimas, una capa de palabras que las describe cuando uno las observa desde abajo… (Fragmento “Lo que hicimos”, Tedi López Mills) Ha sido un mal día, atrapado entre la lluvia y el tráfico de esta ciudad que no para. Sin embargo, un sentimiento de paz me inunda mientras las observo, aunque sé que no son reales. La imagen de esas montañas nevadas en el espectacular publicitario que ahora tengo en frente dejó de serlo en el preciso momento en que se convirtió en imagen, gracias a la manipulación digital escrupulosa de fotógrafos, diseñadores y publicistas. Esto le dio una aproximación a una realidad inexistente que se multiplica por todas partes, como en este lugar que ahora me rodea y me atrapa, como la nieve a sus cimas. Mientras me pierdo en sus detalles para no mirar el tiempo, vuelvo a recordar aquella portada del libro con la silueta de una mujer sin rostro. En su lugar, una ventani...

Recordar (1969)

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  El Encuentro (Fragmentos de una historia) Al final, la vida siempre nos sorprende. ¿Cómo negarse al murmullo del viento y dejarse llevar por las palabras que regresan desde aquel tiempo que se nos escapó, mientras la lluvia pinta de plata las calles del recuerdo? — No recuerdo cuándo fue la primera vez que la vi. Lo cierto es que ella estaba en todo lo que entonces era mi mundo. Aquella mañana, la vida transcurría como siempre en la monotonía cotidiana. Tras media hora de caminar rumbo al entrenamiento, antes del amanecer, nuevos aromas flotaban en las calles, dejándome sensaciones que no sabía nombrar y que, sin embargo, me inquietaban. Al llegar al vestidor del club, después de los saludos y bromas de rigor, corrimos a la alberca. Unos minutos de estiramiento y al agua. Aquella primera zambullida nos arrancaba el calor del cuerpo y el aliento, obligándonos a buscar un respiro antes de mirar al entrenador esperando indicaciones. Pero ese día, algo había cambiado. A lo lejos, la ...

El bosque de las palabras (i)

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                                                      Palacio de Axayácatl  o Casas Viejas de Axayácatl*       Toca aquí Muros de Sueño Por mucho tiempo creí estar despierto.  Pero cuando desperté,  descubrí que viajaba montado sobre el viento. Cuando entré en el sueño, sin entender por qué ni cómo, estaba ahí, frente a ese espléndido muro, repleto de símbolos y tiempo, con sus formas y su grandeza. Aquella gigantesca roca intentaban hablarme sin lograrlo, igual que como ocurre en los sueños. Me acerqué a ella y la toqué, deslizando sobre su relieve mis dedos. Siglos de antigüedad brotaban de la ennegrecida piedra, y miríadas de voces solo eran rumor, intentando contar su historia, su vida ahora ya muerta. "¿Qué deseo tan profundo los trajo hasta aquí?" (Pensé mudo ante ese espectáculo). "¿Qué sueños aquí quedaron?" (Ll...

Te lo aseguro

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**Da click en la ventana y mientras lees el texto, escucha esta hermosa canción.   *Reescritura  Into the wild (Música de la película)   G uaranteed - Eddie Vadder De rodillas no hay forma de ser libre  y me pregunto en silencio,  si todos mis destinos aceptarán lo que soy, para seguir respirando.   La gente vive en los círculos que compraron, esos que crecen hasta devorarlos                                           en la mitad de sus vidas,  dando las "buenas noches”,                                    a quienes creyeron los suyos sin percatarse jamás de no haberlos conocido. Tengo infinidad de preguntas  y un maestro en el alma diciendo,  "No te me acerques tanto, o tendré que marcharme".  Por eso no intentes poseerme tanto como la ...

Viajando en bMT

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                                                                                                            Cincuenta y tantos años atrás... Corrimos mi madre y yo para alcanzar el taxi que nos llevaría a casa. El conductor, un hombre robusto y pelo cano con desdibujada barba, no paró de hablar desde que abordamos el taxi, de lo mucho que se había transformado en unos años, el rumbo por el que transitábamos en ese momento -- Todo esto doña, hace veinte años era una laguna y pastizales... -- señalaba con nostalgia y yo, intentaba sin mucho éxito imaginar, cómo sería todo eso que miraba desde la ventanilla y que ahora, solo eran galerones industriales entre un indescifrable trazo de calles sin rumbo. -- ¡Mire doña! no sé si...

Al final del camino

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  No hubo forma de estar ya seguro, cuando más por instinto,  que por una certeza,  tomé el camino que guiara mis pasos. Y cuando el sol de la tarde el horizonte incendiaba, entre el asombro y la duda,  el tiempo perdió su sentido   bajo un cielo estrellado. De pronto en un claro un arco de piedra,  detuve la marcha, me apeé en el camino y la brisa nocturna  me trajo el murmullo del agua en tumulto. Buscó mi mirada lo que ya se escuchaba  y en la penumbra formada entre arbustos y ramas,  una vereda, el final del camino anunciaba. Ahí, hiriendo la tierra,  tumultos de agua cayendo en cascadas, cascadas de agua azulada. Cuánta belleza oculta en las sombras,  misterio guardado bajo un cielo estrellado,  entre montañas de arbustos, de rocas, de sombras; Guardianes insomnes de un tiempo perdido, que el Poderoso tuvo a bien en mostrarme justo esta noche, cuando en la vida, me sentí perdido.

Mesa para dos

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                                                                            Toca aquí para escuchar    Se encontraron para desayunar a la puerta del restaurante. Gabriel solicitó al capitán "Mesa para dos" sin devolverle el saludo a Héctor. Héctor lo observaba intrigado, sin entender la indiferencia con que lo había encontrado. Después de ordenar café y un desayuno ligero, Gabriel empezó hablarle de forma extraña: — ¡Héctor! He aquí mi Lacónica acuarela… Héctor lo interrumpió con sonora carcajada: — ¿De qué hablas? No exageres y vayamos directamente a lo que nos importa. Gabriel arqueó las cejas: — ¿Cuántas veces te he dicho que detesto viajar en avión? Prefiero hacerlo con la oportunidad de disfrutar del paisaje. Lo que busco es la experiencia. Me gustan los hoteles breves, eso...

Recordar ( 1964)

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Antes del encuentro (i) (Fragmentos de una historia) —¿Qué podía haberme preocupado en aquellos días? ¿Encontrar el momento para escapar de casa montado en bicicleta entre resplandores de tormenta? ¿O esperar con impaciencia la salida de la escuela para vagar entre ruidosas calles, esas que aún viven en los recuerdos de mi infancia? Aquello era más que eso, porque lo que en verdad importaba era dejar atrás aquel bullicio de griteríos vecinales, aquellas voces de la radio y de mercado, aquella orden para acabar con los deberes de la tarde y escapar entre esas calles y quedar, solo con el ulular del viento persiguiendo sueños, fantasías… esas que esparcimos con imaginación entre descampados, o entre calles, y que nos inventamos entre susurros de compinches de aventuras rodando en bicicletas. Aún ahora, después de todos estos años, los escucho como si estuvieran ahí, escondidos tras las puertas, tras los muros, esperando el pretexto para escapar y devolverme una vez más aquel ímpet...

El solitario pez rojo

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    Esa mañana estaba decidido, no se levantaría de la cama y haría oídos sordos al reclamo y furia de su madre cuando lo encontrara a media mañana debajo de las sábanas. A fin de cuentas, no había día que no se llevara un jalón de orejas, o una buena reprimenda con el cinturón golpeándole las nalgas o simplemente terminar la noche con la panza vacía al mandarlo a dormir sin probar la cena, qué más da, un   castigo más no haría la diferencia pero sí, ahora sería por convencimiento propio, las consecuencias de su decisión estaban ya aceptadas y eso quizás, hizo de esos minutos desde que la ventana se llenó de luz, un espacio en el tiempo tan grande que por un momento imaginó que había entrado en un universo sin tiempo. ¿Cómo sería la vida sin tiempo? Tal vez una maravilla, pero ese lugar solo existe en los sueños (pensó contrariado) o quizás en definitiva está donde existen los muertos, ahí el tiempo es eternidad y la sola idea de imaginarlo lo llenó de un temor indesc...

Rendirte no es una opción

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Si esperas a que todas las cosas en tu vida se acomoden para lograrlo, esperarás para siempre, así que, levántate y corre cada mañana,  esfuérzate y rueda al finalizar la semana y en cuanto el mar esté a la vista, con cada brazada, rompe la idea de distancia que ha sido tu único obstáculo. Enero 2005 «¡Las cosas pasan por algo!» me dijo aquel hombre, quizás de más de setenta años y que se acercó auxiliarme después que resbalé por imprudencia, al intentar cruzar la calle. Llovía intensamente, el semáforo en rojo para el cruce peatonal y un enorme charco estaban justo al inicio de esa "carrera" que no juzgue imposible. Por fortuna el golpe solo dejó raspaduras en rodillas y palmas de las manos, la ropa hecha sopa y ni que decir de ese bochornoso momento que pase, cuando ese hombre me tendía la mano para auxiliarme, mientras sonreía sin despegarme la mirada. Cuando estuve en pie, caminó junto conmigo hasta el otro lado de la calle sin decir una sola palabra, después, se alejó c...